Cuando digo a la gente “trabajo en el mercadillo con mi padre” algunas preguntas que suelen hacerme son:
- ¿Dónde? ¿En qué barrio?
- ¿Qué vendes?
- ¿Y gritas cosas como “vamooos cómprenme patatas ricaaas”?
Claro, la gente que me conoce sabrá, que aunque en mi puesto se vende verdura, no soy muy fan de gritar cual verdulera (profesión muy digna y bonita donde las haya). Asi que diré que la respuesta a la tercera pregunta es: rotundamente no. Lo máximo que llego a gritar es “¿lentejas pequeñas o grandes? ¿Un kilo o medio? ¿Cuánto te echo? ¿Quiere caldo en las aceitunas?”, que no queda más remedio si el cliente me ha pedido un alimento de la otra punta del puesto y cuando llego al otro extremo no hemos matizado sobre estos asuntos.
Somos un puesto con clase… la élite de la patata señores, no lo olviden. Otros puestos por supuesto que gritan y bien alto. En un mercadillo hay mucho marketing, y el griterío es una estrategia comercial más. Tengo la impresión de que los vendedores piensan que es una de las estrategias más potentes, pero en mi opinión creo que no funciona, a no ser que tengas una oferta muy muy buena y quieras anunciarlo bien alto para que todo el mundo se percate de que tienes los tomates más baratos de todo el mercadillo. Ahí sí puede serte útil pregonar la información de forma moderada (no cada dos minutos). Pero gritar durante toda la mañana algo tan impersonal y de contenido vacío como “todo barato oiga, todo barato” “todo barato oiga, todo barato”, en mi opinión, no sirve más que para crear el soniquete de mercadillo que todos conocemos, y que oye, ¿quién sabe?, igual sin este soniquete el mercadillo perdería su identidad y la gente le dejaría de ver la gracia. Hay mucha gente que le ve al mercadillo cierto encanto, y puede que una de las razones sea por “el ambiente”, sin duda. Pero como digo, para vender, no creo que sea eficaz repetir mil veces una frase trillada que no dice nada por sí misma. Es por eso que hay que inventarse algo que llame la atención, que no se escuche en todos los puestos... y esto lo saben ya muchos.
En el marketing de mercadillo se puede apreciar algún que otro toque creativo. ¿Pero se puede ser creativo vendiendo en un mercadillo? pues yo creo que sí. Yo no lo soy desde luego, pero aunque no lo parezca se inventan eslóganes publicitarios como los que crea cualquier marca anunciada en televisión. No quisiera yo, que se plagiasen estos eslóganes, pero diré alguno a modo de ejemplo:
“Prueba la sandía, no has comido nada más dulce desde el día de tu boda”
“Tengo el vestido de la Preysler”
“El corte inglés en chiquitito”
No me digáis que el primero no es un eslogan publicitario en toda regla, con su frase gancho “no has comido nada más dulce desde el día de tu boda”. Os puede parecer una chorrada, pero “a la lavadora y punto”, “un poco de pasta basta”, “se nota que es Findus”, “Del Caserío, me fío”, “Cologar, color de hogar” no son más transcendentales que éstos. A mí el de “tengo el vestido de la Preysler” me encanta, hay que ser valiente para utilizar la misma estrategia publicitaria que los mismísimos bombones de Ferrero Roché.
También hay un puesto del mercadillo en el que cantan, aunque más que un eslogan, el vendedor canta según el producto que quiera vender, pero siempre con la misma cancioncilla. La verdad que la canción llama la atención, y es una marca de identidad de ese puesto que no tienen otros (puestos a analizar el mercadillo, que de eso va más o menos este blog), pero como digo, también hay que ser valiente para ponerse a cantar en el mercadillo. Yo no sería capaz.
A los gitanos que venden sin licencia también les he oído decir:
“¡Vamos, aprovechad antes de que vengan Los hombres de Paco!”
Es un mensaje claro: “vamos que nos vamos” como el de “últimos días de rebajas en el Corte Inglés” y esquivan con maestría gritar “cómprame antes de que nos pille la poli” que queda mucho más feo, claro.
Lo peor del griterío, es que los vecinos tienen que estar hasta el gorro del mercadillo y de sus anuncios publicitarios. Todo el mundo conoce ya mi odio por el tapicero, que con sus precios inigualables y sus más de 10 tipos de tapizado, ya sea jueves o domingo, es el gallo despertador del barrio. Es por ello, que me solidarizo con todos los vecinos que tienen cerca un mercadillo, les entiendo perfectamente, porque yo tampoco puedo descansar entre anuncios y ofertas de “aprovecha esta oportunidad” y los que ellos escuchan, puede que empiecen cerca de las 9 de la mañana y no cesen hasta las 2 de la tarde. Les compadezco…
En fin, que por si alguno se lo había preguntado: no, yo no grito cuando vendo. No por nada, sino porque no es mi estilo. Aunque haya bromeado con el tema, no me parece algo indigno. Simplemente es algo muy mercadillil que merecía su entrada en este blog.
Nota: la palabra marketing está reconocida por el DRAE; y aunque se admite el uso del anglicismo, la RAE recomienda usar con preferencia la voz española mercadotecnia. Lo siento RAE, pero el anglicismo me hace parecer mucho más guay…