martes, 24 de julio de 2012

El Kg, esa unidad de medida...

Si hay algo que le gusta oír a una persona que vende al peso es "si te pasas no importa". Suena tan bien a nuestros oídos… es música celestial... creo que tiene que ser una sensación parecida a la que tienen las peluqueras cuando les dices "tú corta sin miedo", que ya sé que lo decís pocos, pero yo soy mucho de decirlo y me encanta ver en el espejo como le cambia la cara a la peluquera, se relaja, sonríe y piensa "siiií, ahora siiií puedo hacer bien mi trabajo" y mi teoría es que seguramente te lo corte mucho mejor que si creas tensión diciendo “SÓLO las puntas ¿eh?”. Pero éste es otro tema…

El caso contrario al "si te pasas no importa" son las personas que te regañan por echarles 50 gramos de más. Te miran con furia y te dicen muy serias “te he dicho 1kg”, y a lo mejor has puesto medio puñado de pipas más… ¡Ojo!, que yo pienso que el cliente tiene siempre el derecho a pedir lo que le de la gana, pero puede avisar antes con un “oye quiero el kg exacto” o “que no pase” como hace otra gente (una minoría) y yo, se lo echo con la mejor de las sonrisas. Aunque si no lo hace, la verdad que también pongo la mejor de las sonrisas (si es que en el fondo soy maja…) y digo “ah perdona, no te preocupes, ahora mismo te lo echo exacto” pero muchas personas me dicen “no si ya déjalo… si ya da igual…” con bastante asco y con una extremada indignación. Esto tampoco me molesta demasiado (bueno, al principio un poquito, lo reconozco, pero ya soy toda una profesional, “psicóloga de la patata” me podéis llamar…) porque en el fondo creo que la persona no es consciente de lo que pueden ser 50 o 75 gramos de algo, o que pasarte 100 gramos en una bolsa de patatas varía en echar o no echar una patata más… a veces he pensado en explicarlo o demostrarlo (algo así como “mira, me estás poniendo cara de asco por una patata…” o “acabas de ser borde conmigo por 7 cerezas”) pero creo que se sentirían peor. Bueno, no lo creo, lo sé… porque alguna vez lo he explicado con la mejor intención del mundo y me han dicho “ya, ya, vale, que sí…”, y aunque lo único que quería era enseñar cómo son los pesos (porque si no vendes no tienes por qué saber cuántas cebollas caben en un kg…), la imagen que quizá haya dado sea la de “resabidilla”, y eso si que no me gustaría por nada del mundo (porque nada en el mundo me gusta menos que la gente que va de lista), asi que no entro mucho en estos debates y suelo ponerme en modo “sí bwana” que siempre funciona bien.

Recuerdo que cuando empecé, no tenía ni idea cuánto era un kilo a pulso (cogía una bolsa y echaba sin saber cuánto peso llevaba), asi que me aprendía la cantidad que cabía en un kg de todos los productos. Si os digo que ocho o nueve limones son 1Kg parece fácil, pero recordemos que vendo patatas, cebollas, ajos, limones, naranjas, todo tipo de frutos secos, puerros, lechugas, acelgas, calabacines... y un largo etc. que me hacían ocupar mi mente al completo sólo para hacer bien las conversiones de cantidad igual a peso. Es decir, que durante toda la mañana, mi monólogo interno podía ser algo así:

“3kg de naranjas = 14 naranjas, 1kg de tomates = 6, cuarto de ajos = 3… pero claro ahora me ha pedido 1kg y medio y si 3kg de narajas son 14 le tengo que echar la mitad que son 7… y de tomates me ha pedido medio asi que le echo 4… de cebollas como me ha pedido 2kg… le echaría 12 pero como éstas son más pequeñas tengo que echar una o dos más…” y así con cada cliente. Y estas notas mentales no servían siempre, porque a la semana siguiente había naranjas más grandes o cebollas más pequeñas y no cuadraba todo, asi que tenía que reformular mis notas mentales y aprendérmelas para cada semana. Lo que ya imaginaréis, es que mucho tiempo para pensar en mis problemas no tenía… y mucho menos para pensar en los personajes del mercadillo o cualquier otra tontería. Ahora, de vez en cuando me aprendo cantidades equivalentes al kilo por comodidad, otras ya las tengo cogidas como las naranjas y los limones… y otras calculo según note el peso, por lo que mi mente no está a tope 100% (ahora puedo tener en la mente una canción, tararearla o pensar sobre qué me apetece escribir).

Tengo que decir, que esto de saber más o menos cuando llegas al kilo según lo que te pese la bolsa, es una de esas tareas que tienes que hacer sin pensar. Cómo lo pienses la has cagado… pensarás que llevas de menos o que has cogido de más… así que lo ideal es ir echando y saber más o menos cuándo has llegado al kilo por pura inercia, lo que algunos llaman “dejarse llevar”.

Por último diré, que esto de los pesos ha cambiado totalmente mi forma de ver la vida, ahora cuando alguien me dice cuánto pesa, pienso a cuántos sacos de patatas equivale, si engordo un kilo me consuelo pensando que tampoco es para tanto si sólo son 8 limones... o si alguien me dice que algo pesa demasiado y no voy a  poder con ello... en mi mente yo estoy pensando "mmm esto no pesa más de 15 kilos de patatas, creo que podré cogerlo" y cosas así...

martes, 10 de julio de 2012

El ofrecimiento chatarril

10 de julio:

Como si de un chiste se tratara... ¿cuál es el colmo de un vendedor? indudablemente, yo diría que QUEDARSE SIN CAMBIO. Puedes tener los mejores productos, los precios más competitivos, pero... si no tienes cambio estás perdido... Estudiemos pues algunos de los inconvenientes:

Los días que no tienes cambio tienes que pasarte toda la mañana con la misma retahíla: "¿tienes las 32? ¿no tendrás las 47? si me das los 7 te doy un billete de 5, es que andamos fatal de monedas...".

Además, las señoras suelen ofrecerte su chatarra, éste fenómeno, llamémoslo el "ofrecimiento chatarril" consiste en que el cliente extiende sobre su mano todos los céntimos que se han ido quedando en su monederillo y ahí estás tú cogiendole la limosna "uno... tres... diez céntimos... dos más... tres... cuatro...", agarrapillando monedita a monedita para conseguir un euro o euro y medio en centimillos, por lo que hay que invertir tiempo y esto perjudica la producción (que se forma cola vamos...).

Hoy por ejemplo teníamos monedas de 5 céntimos pero no teníamos de 1 céntimo, por lo que, puestos a aceptar el reto (estoy muy loca...) pesaba cada cosa fijándome en que dieran precios exactos (claro que cuando se trata de pesar pipas, pistachos o almendras la cosa se complica un poco más... pero así le doy "emoción" a la mañana... ¿he dicho ya que estoy muy loca?). Ha habido un momento que teníamos cinco o seis monedas de 10 céntimos y no nos quedaban de 50 céntimos ni de 20 céntimos, esta es una situación del tipo VAMOS A MORIR TODOS, como cuando dices "pues son 1,37" y te dan un billete de 50 euros... "¡NOOO! ¡MUEREEE!" piensas, pero hay que conservar la calma.

Esta mañana he tenido que dar, por ejemplo,  40 céntimos en monedas de 5 céntimos lo que supone dar 8 monedas de 5 centimos y comerte el refunfuño de los clientes "uuuh cuánta chatarra me das niña", y tienes que procurar combinar las pequeñas con algunas más grandes, si es que las hay, para equilibrar la chatarra. Así pasa, que luego hay monedas que las coges cierto respeto y cariño. Yo le tengo profundo respeto y admiración a las monedas de 20 céntimos, porque son las que más suelen faltar en el mercadillo (no me preguntéis por qué, creo que por los precios de las patatas). Me cuesta darlas, deshacerme de ellas, me duele... ("yo se lo que valen, tú no" pienso con lágrimas en los ojos mientras devuelvo el cambio...) y me encanta que me las den ("¡toma! ¡tres de veinte! ¡yujuu!" ...). Si me hacen "el ofrecimiento chatarril", estad seguros de que me iré a por las monedas de 20 céntimos lo primerito de todo...

Quiero aclarar que el ofrecimiento chatarril, sale de la paciencia y la buena intención de las personas y es lo que nos salva a veces la vida y finalmente no morimos todos (de hecho, no morimos ninguno).  Porque también hay gente que te abre el monedero de par en par y ves que tiene monedas de todo tipo y le dices "¿no tendrás las 37?" y te dice "no" (rotundo). Asi que en las viñas del mercadillo hay de todo, pero en su mayoría gente paciente que ofrece su chatarra gustosamente.


domingo, 1 de julio de 2012

Sra. Notuno y categorías mercadillenses

27 de junio:

Como es la semana rara... ¡hoy he atendido a la Señora Notuno! Recordemos a esta señora como aquella que en cierta ocasión le puse en una bolsa de 6kg de patatas (que son muchas patatas) algunas patatas grandes y desde entonces, cuando la he intentado atender me ha dicho "no, tú no", asi que mi amiga Nani la apodó como la Sra. Notuno y así ha pasado a ser un personaje principal del mercadillo. El caso es que después de haberla ofendido profundamente desde aquel día, nunca más la he podido atender, pero hoy he preguntado "¿quién va ahora?" y me ha mirado (sí, me ha mirado tíos... la reina roja me ha mirado) y me ha dicho "a mí" y yo he contestado "ah vale... ahora te atienden..." y me ha dicho "no no, da igual, atiéndeme tú" y yo, en ese microsegundo he pensado que había enterrado todo el rencor que tenía guardado por mi "negligencia patatil" (porque además la semana pasada bromeó un poco y también me miró, sí tíos a mí, a la lacaya...) pero finalmente ha añadido "si para lo que voy a pedir hoy me da igual..." y así, con estas palabras, ha establecido una regla no escrita:

Por el poder que me ha sido otorgado, sólo podré atenderla yo cuando los alimentos que vaya a pedir no sean de "alta responsabilidad" como son, según su criterio, las patatas.

Me ha pedido naranjas y manzanas... digo yo que esto es un nivel inferior (aunque anda que no hay gente exigente con el tamaño de las naranjas...) asi que le he dado de lo mejor en un intento por demostrar que puedo subir de categoría. Porque, el mercadillo, está lleno de categorías:

1º  La categoría más alta es escoger un melón bueno, por supuesto. Yo ahí no he llegado, suelo delegar en otra persona.

2º  Escoger una sandía dulce y en su punto. Yo estoy en este nivel, pero en fase de prácticas. Aunque todavía no las parto por la mitad, también delego.

3º  Coger tomates, patatas, naranjas y ajos. Todas estas categorías requieren un nivel de responsabilidad parecido:

-  Los tomates para la ensalada (que estén duros, pero que no estén verdes... y si puede ser que bailen sevillanas y sepan tres idiomas...).

-  Las patatas: ni muy grandes ni muy pequeñas (y mucho menos "aguachin@s")

-  Los ajos: grandes y duros (claro que sí señora... a mí también me gustan así...).

-  Las naranjas: hay gente que les gusta grandes y otras que sólo las quieren pequeñas... no hay mucha gente exigente con las naranjas, pero la que lo es, le va la vida en ello. El caso es que todas son iguales porque van calibradas... así que hay que hacer un ritual parecido al de escoger los melones...

Hay muchas más categorías, pero eso ya os lo cuento otro día... que hoy el relato se ha alargado más de la cuenta...

Dia raro

26 de junio:

Hoy ha sido un dia raro... no he tenido ninguna pelea heavy metal en el mercadillo... ¡eso sí! ¡ha venido la señora que SIEMPRE se cuela! Es una cabrona porque siempre que la veo la reconozco, pero luego me cuesta mucho recordar su cara, ¿cual será su secreto?

Hoy he añadido un dato más para ficharla: lleva gafas moradas. Me he girado y la he visto y he preguntado "¿quién va?" y ha dicho "yo he pedido la vez pero no me la ha dado nadie" jajajajaja.... no hay duda, sí señor... allí estaba con su técnica ancestral. (Si alguien quiere un autógrafo de esta mujer que me lo diga, que el próximo día que venga se lo pido). El caso es que una señora ha dicho "sí sí, voy yo y después usted" y ha contestado "ah muy bien pues después de usted voy yo" y ha habido paz. ¡No se ha colado! ¡No ha habido pelea! Yo creo que me ha leído, que es amiga de alguno de mis contactos de facebook... y se ha dado cuenta de que la tengo fichada. En fin, día tranquilo en Mercadillolandia.

El ritual del melón

7 de junio:

Ahora en el mercadillo estamos con las sandías y los melones. Os comento. Llevo dos semanas vendiendo melones y sandías, mucho no sé, algo me han explicado de cual puede estar más maduro y todas esas cosas... pero esto no importa, lo que importa es EL RITUAL DEL MELÓN. La gente cree que los melones son putas bombas de relojería... ¬¬ te dicen "dame un melón...", hacen una pausa dramática, te miran super serios y preocupadísimos y dicen "...pero que sea bueno eh? que sea bueno!" y te miran como diciendo "dejo mi vida en tus manos porque confío en tu sabiduría y conocimiento como frutera que eres para que tú cortes los cables porque tú eres la profesional y sabrás si hay que cortar el rojo o el azul..." y esto es lo que tienes que hacer:

NUNCA y digo NUNCA, por muy seguro que estés de que ese melón es bueno, te lo hayan dicho antes, lo veas super claro... NUNCA lo cojas como primera opción... ¡NO! no puedes coger un melón y ponerlo en la báscula directamente... el cliente te mira preocupado "¡pero que sea bueno! ¡mira que sea bueno niña!" el cliente sólo se quedará tranquilo si tú haces EL RITUAL DEL MELÓN, que consiste en:

1º Poner cara seria y pensativa
2º Mirar los melones, coger varios... observarlos bien... palparlos... estás evaluando, pon cara de super experta...
3º Ahora sí, puedes coger uno y ponerlo en la báscula
4º Finalmente debes decir "éste" de forma contundente... como si llevaras media vida en la profesión o te hubieras criado directamente en un melonar...

El procedimiento de las sandías es parecido... pero esto lo dejamos para el siguiente capítulo...

Matrimonios y matrimonios

14 de junio:

Ayer noté la gran diferencia del matrimonio que viene a comprar y entre ellos dicen "nos faltan cebollas, no tenemos manzanas, se nos han acabado las zanahorias" a ese otro matrimonio en el que el hombre le dice a su mujer "sólo te quedan un par cebollas, ¿tienes zanahorias? creo que si que te queda algún calabacín", evidentemente a mí me gusta más el primer matrimonio... ¿veis el matiz?