Cuando digo a la gente “trabajo en el mercadillo con mi padre” algunas preguntas que suelen hacerme son:
- ¿Dónde? ¿En qué barrio?
- ¿Qué vendes?
- ¿Y gritas cosas como “vamooos cómprenme patatas ricaaas”?
Claro, la gente que me conoce sabrá, que aunque en mi puesto se vende verdura, no soy muy fan de gritar cual verdulera (profesión muy digna y bonita donde las haya). Asi que diré que la respuesta a la tercera pregunta es: rotundamente no. Lo máximo que llego a gritar es “¿lentejas pequeñas o grandes? ¿Un kilo o medio? ¿Cuánto te echo? ¿Quiere caldo en las aceitunas?”, que no queda más remedio si el cliente me ha pedido un alimento de la otra punta del puesto y cuando llego al otro extremo no hemos matizado sobre estos asuntos.
Somos un puesto con clase… la élite de la patata señores, no lo olviden. Otros puestos por supuesto que gritan y bien alto. En un mercadillo hay mucho marketing, y el griterío es una estrategia comercial más. Tengo la impresión de que los vendedores piensan que es una de las estrategias más potentes, pero en mi opinión creo que no funciona, a no ser que tengas una oferta muy muy buena y quieras anunciarlo bien alto para que todo el mundo se percate de que tienes los tomates más baratos de todo el mercadillo. Ahí sí puede serte útil pregonar la información de forma moderada (no cada dos minutos). Pero gritar durante toda la mañana algo tan impersonal y de contenido vacío como “todo barato oiga, todo barato” “todo barato oiga, todo barato”, en mi opinión, no sirve más que para crear el soniquete de mercadillo que todos conocemos, y que oye, ¿quién sabe?, igual sin este soniquete el mercadillo perdería su identidad y la gente le dejaría de ver la gracia. Hay mucha gente que le ve al mercadillo cierto encanto, y puede que una de las razones sea por “el ambiente”, sin duda. Pero como digo, para vender, no creo que sea eficaz repetir mil veces una frase trillada que no dice nada por sí misma. Es por eso que hay que inventarse algo que llame la atención, que no se escuche en todos los puestos... y esto lo saben ya muchos.
En el marketing de mercadillo se puede apreciar algún que otro toque creativo. ¿Pero se puede ser creativo vendiendo en un mercadillo? pues yo creo que sí. Yo no lo soy desde luego, pero aunque no lo parezca se inventan eslóganes publicitarios como los que crea cualquier marca anunciada en televisión. No quisiera yo, que se plagiasen estos eslóganes, pero diré alguno a modo de ejemplo:
“Prueba la sandía, no has comido nada más dulce desde el día de tu boda”
“Tengo el vestido de la Preysler”
“El corte inglés en chiquitito”
No me digáis que el primero no es un eslogan publicitario en toda regla, con su frase gancho “no has comido nada más dulce desde el día de tu boda”. Os puede parecer una chorrada, pero “a la lavadora y punto”, “un poco de pasta basta”, “se nota que es Findus”, “Del Caserío, me fío”, “Cologar, color de hogar” no son más transcendentales que éstos. A mí el de “tengo el vestido de la Preysler” me encanta, hay que ser valiente para utilizar la misma estrategia publicitaria que los mismísimos bombones de Ferrero Roché.
También hay un puesto del mercadillo en el que cantan, aunque más que un eslogan, el vendedor canta según el producto que quiera vender, pero siempre con la misma cancioncilla. La verdad que la canción llama la atención, y es una marca de identidad de ese puesto que no tienen otros (puestos a analizar el mercadillo, que de eso va más o menos este blog), pero como digo, también hay que ser valiente para ponerse a cantar en el mercadillo. Yo no sería capaz.
A los gitanos que venden sin licencia también les he oído decir:
“¡Vamos, aprovechad antes de que vengan Los hombres de Paco!”
Es un mensaje claro: “vamos que nos vamos” como el de “últimos días de rebajas en el Corte Inglés” y esquivan con maestría gritar “cómprame antes de que nos pille la poli” que queda mucho más feo, claro.
Lo peor del griterío, es que los vecinos tienen que estar hasta el gorro del mercadillo y de sus anuncios publicitarios. Todo el mundo conoce ya mi odio por el tapicero, que con sus precios inigualables y sus más de 10 tipos de tapizado, ya sea jueves o domingo, es el gallo despertador del barrio. Es por ello, que me solidarizo con todos los vecinos que tienen cerca un mercadillo, les entiendo perfectamente, porque yo tampoco puedo descansar entre anuncios y ofertas de “aprovecha esta oportunidad” y los que ellos escuchan, puede que empiecen cerca de las 9 de la mañana y no cesen hasta las 2 de la tarde. Les compadezco…
En fin, que por si alguno se lo había preguntado: no, yo no grito cuando vendo. No por nada, sino porque no es mi estilo. Aunque haya bromeado con el tema, no me parece algo indigno. Simplemente es algo muy mercadillil que merecía su entrada en este blog.
Nota: la palabra marketing está reconocida por el DRAE; y aunque se admite el uso del anglicismo, la RAE recomienda usar con preferencia la voz española mercadotecnia. Lo siento RAE, pero el anglicismo me hace parecer mucho más guay…
Historias de Mercadillo
Un montón de historias reales sacadas de un lugar muy común...
miércoles, 6 de marzo de 2013
viernes, 28 de septiembre de 2012
Nocilla de mercadillo
Después del zumo, intento comer algo sólido para no desmallarme cuando tenga que descargar el camión y montar el puesto. La mayoría de las veces, con el ojo medio cerrado aún, es muy difícil convencerte de que algo es apetecible, y encima contamos con el hándicap (esta palabra la uso para hacerme la guay, porque podría decir perfectamente "contamos con el inconveniente") de que hay que elegir un alimento portátil, es decir, que pueda llevar en el camión e ir comiéndolo de camino. Hay que irse, asi que abre la nevera y “¡rápido! ¡coge un alimento portátil!”. El fiambre y el queso que viene ya cortado y envasado suele ser la mejor opción (quiero mandar desde aquí un fuerte abrazo a mi amigo García Vaquero, por cortarme el queso con tanto cariño).
Solemos llegar sobre las 7 al lugar donde haya que vender. Antes de montar el puesto, pasamos al bar. Allí tengo mi segunda oportunidad para desayunar (pero si el estómago ese día dice que no, es que no...). Además tengo que avisaros de algo muy importante: los bares tienen su propio lenguaje, de lo que tú pides a lo que ellos entienden hay un trecho, asi que he decidido haceros una tabla:
- Un café o colacao frío = te ponen un café o colacao templado (con leche del tiempo).
- Un café templado = café bastante caliente (no te lo pudes beber del tirón).
- Un café caliente = ellos entienden “un café que me abrase el esófago, por favor".
Esto es igual que el lenguaje de las peluqueras, a las que ya hice referencia en otra ocasión. Ya sabéis que si pedís que sólo os corten las puntas son cuatro dedos, y cuatro dedos es cortito y si pides cortito creo que te rapan la cabeza… claro que yo no puedo criticar mucho, porque en este gremio mercadillil cuarto de kg también pueden ser 350 o 400 gramos… asi que otro día os haré una tabla de nuestro propio lenguaje para que sepáis bien como pedirnos.
En fin, lo que acaba siendo al final mi desayuno oficial, suele ser: una zanahoria, un tomate, un puñado de pipas, cuatro pistachos, tres anacardos y cuatro cortezas (que es algo así como el “leche, cacao, avellanas y azúcar” pero de mercadillo), es lo que voy pillando del puesto entre cliente y cliente… sé que no es sano, pero es inevitable no picar nada cuando te pasas toda la mañana delante de los frutos secos y el gusanillo te va entrando a medida que pasan las horas. Ahora, por el miedo a engordar, estoy intentando dejar esta mezcla rara a la que he apodado como "Nocilla de mercadillo".
La zanahoria me la sigo comiendo porque es sana y entra muy bien por las mañanas, aunque qué queréis que os diga…. me como una en cada mercadillo y sigo sin ver de lejos y más blanca que los ajos del puesto… asi que permitidme que dude de las propiedades de la zanahoria. Eso sí, con la zanahoria yo he llegado a una categoría mercadillense que no mencioné en su día, y es la de comer mientras peso patatas, que esto es ya de profesionales, no me lo podréis negar...
Cuando empecé a vender, para mí era sagradísima “la hora del bocadillo” y me lo comía tranquilamente sentada en el bar, en honor a los obreros subidos en vigas altísimas de los rascacielos de Nueva York, que digo yo que para ellos también debía de ser sagradísima por aquello de que podían matarse ya sólo con intentárles quitar el papel albal (que yo me los imagino diciendo "oye Patxi estaremos a 244 metros del suelo pero a mí la hora del bocadillo ¡NO ME LA QUITA NI DIOS!" y es por ello que los admiro profundamente porque yo en el fondo también tenía ese sentimiento), pero en fin, que cumplir con tal homenaje poético en cada mercadillo, me hizo engordar bastante, asi ya sólo lo hago a veces, cuando empiezo a ver a los clientes como pollos asados parlantes a los que voy a hincarles el diente de un momento a otro… y pienso que quizá sea hora de comer algo contundente.
Una ley de Murphy de mercadillo es que cuando esta hora ha llegado, cuando el hambre que tienes es atroz e incontrolable, se cumple la siguiente ley:
“No habrá clientes comprando hasta que decidas irte a desayunar”
Cuando el hambre llega, la gente también. Digamos que el número de clientes es directamente proporcional al hambre que tengas. Entonces pones tus límites y te propones cosas como “cuando atienda a este cliente me voy a desayunar”, pero antes de que estés dándole las gracias por su compra, ya te están diciendo “¡niña! ¡ahora me toca a mí! me vas a poner…”, asi que a ese cliente se le atiende, y tú, ilusa, aún sigues pensando “bueno después de este cliente ya me voy….” y ves que llega otro más, a este ya lo ves con cabeza de pollo asado cuando te está pidiéndo “dame medio kilo de ceboll… ¡CÓMEME CÓMEME CÓMEME!”. Esto del “reenganche” de los clientes es muy típico. Antes de que estés devolviendo el cambio al cliente ya hay otro pidiéndote, creyendo que es la forma más efectiva de que no se le puedan colar (y en parte funciona) y haciendo que yo siempre tenga la impresión de que estoy trabajando en una cadena de montaje y que después de apretar una tuerca viene otra y luego otra y luego otra… y no me puedo parar ni a quitarme una chaqueta o beber un trago de agua por miedo a que el puesto se aturulle y se enciendan las típicas luces rojas de emergencia "PELIGRO PELIGRO PELIGRO" y explote el puesto, salgan todas las cajas, los hierros, las tablas, la fruta, los ajos y los puerros disparados por los aires... asi que como para irse a comer tranquilamente "un montadito", que para los bares, os diré que es un bocadillo de una barra entera de pan.
"Lunch atop a Skyscraper" ("Almuerzo en la cima del rascacielos") de Charles Clyde Ebbet
martes, 24 de julio de 2012
El Kg, esa unidad de medida...
Si hay algo que le gusta oír a una persona que vende al peso es "si te pasas no importa". Suena tan bien a nuestros oídos… es música celestial... creo que tiene que ser una sensación parecida a la que tienen las peluqueras cuando les dices "tú corta sin miedo", que ya sé que lo decís pocos, pero yo soy mucho de decirlo y me encanta ver en el espejo como le cambia la cara a la peluquera, se relaja, sonríe y piensa "siiií, ahora siiií puedo hacer bien mi trabajo" y mi teoría es que seguramente te lo corte mucho mejor que si creas tensión diciendo “SÓLO las puntas ¿eh?”. Pero éste es otro tema…
El caso contrario al "si te pasas no importa" son las personas que te regañan por echarles 50 gramos de más. Te miran con furia y te dicen muy serias “te he dicho 1kg”, y a lo mejor has puesto medio puñado de pipas más… ¡Ojo!, que yo pienso que el cliente tiene siempre el derecho a pedir lo que le de la gana, pero puede avisar antes con un “oye quiero el kg exacto” o “que no pase” como hace otra gente (una minoría) y yo, se lo echo con la mejor de las sonrisas. Aunque si no lo hace, la verdad que también pongo la mejor de las sonrisas (si es que en el fondo soy maja…) y digo “ah perdona, no te preocupes, ahora mismo te lo echo exacto” pero muchas personas me dicen “no si ya déjalo… si ya da igual…” con bastante asco y con una extremada indignación. Esto tampoco me molesta demasiado (bueno, al principio un poquito, lo reconozco, pero ya soy toda una profesional, “psicóloga de la patata” me podéis llamar…) porque en el fondo creo que la persona no es consciente de lo que pueden ser 50 o 75 gramos de algo, o que pasarte 100 gramos en una bolsa de patatas varía en echar o no echar una patata más… a veces he pensado en explicarlo o demostrarlo (algo así como “mira, me estás poniendo cara de asco por una patata…” o “acabas de ser borde conmigo por 7 cerezas”) pero creo que se sentirían peor. Bueno, no lo creo, lo sé… porque alguna vez lo he explicado con la mejor intención del mundo y me han dicho “ya, ya, vale, que sí…”, y aunque lo único que quería era enseñar cómo son los pesos (porque si no vendes no tienes por qué saber cuántas cebollas caben en un kg…), la imagen que quizá haya dado sea la de “resabidilla”, y eso si que no me gustaría por nada del mundo (porque nada en el mundo me gusta menos que la gente que va de lista), asi que no entro mucho en estos debates y suelo ponerme en modo “sí bwana” que siempre funciona bien.
Recuerdo que cuando empecé, no tenía ni idea cuánto era un kilo a pulso (cogía una bolsa y echaba sin saber cuánto peso llevaba), asi que me aprendía la cantidad que cabía en un kg de todos los productos. Si os digo que ocho o nueve limones son 1Kg parece fácil, pero recordemos que vendo patatas, cebollas, ajos, limones, naranjas, todo tipo de frutos secos, puerros, lechugas, acelgas, calabacines... y un largo etc. que me hacían ocupar mi mente al completo sólo para hacer bien las conversiones de cantidad igual a peso. Es decir, que durante toda la mañana, mi monólogo interno podía ser algo así:
“3kg de naranjas = 14 naranjas, 1kg de tomates = 6, cuarto de ajos = 3… pero claro ahora me ha pedido 1kg y medio y si 3kg de narajas son 14 le tengo que echar la mitad que son 7… y de tomates me ha pedido medio asi que le echo 4… de cebollas como me ha pedido 2kg… le echaría 12 pero como éstas son más pequeñas tengo que echar una o dos más…” y así con cada cliente. Y estas notas mentales no servían siempre, porque a la semana siguiente había naranjas más grandes o cebollas más pequeñas y no cuadraba todo, asi que tenía que reformular mis notas mentales y aprendérmelas para cada semana. Lo que ya imaginaréis, es que mucho tiempo para pensar en mis problemas no tenía… y mucho menos para pensar en los personajes del mercadillo o cualquier otra tontería. Ahora, de vez en cuando me aprendo cantidades equivalentes al kilo por comodidad, otras ya las tengo cogidas como las naranjas y los limones… y otras calculo según note el peso, por lo que mi mente no está a tope 100% (ahora puedo tener en la mente una canción, tararearla o pensar sobre qué me apetece escribir).
Tengo que decir, que esto de saber más o menos cuando llegas al kilo según lo que te pese la bolsa, es una de esas tareas que tienes que hacer sin pensar. Cómo lo pienses la has cagado… pensarás que llevas de menos o que has cogido de más… así que lo ideal es ir echando y saber más o menos cuándo has llegado al kilo por pura inercia, lo que algunos llaman “dejarse llevar”.
Por último diré, que esto de los pesos ha cambiado totalmente mi forma de ver la vida, ahora cuando alguien me dice cuánto pesa, pienso a cuántos sacos de patatas equivale, si engordo un kilo me consuelo pensando que tampoco es para tanto si sólo son 8 limones... o si alguien me dice que algo pesa demasiado y no voy a poder con ello... en mi mente yo estoy pensando "mmm esto no pesa más de 15 kilos de patatas, creo que podré cogerlo" y cosas así...
El caso contrario al "si te pasas no importa" son las personas que te regañan por echarles 50 gramos de más. Te miran con furia y te dicen muy serias “te he dicho 1kg”, y a lo mejor has puesto medio puñado de pipas más… ¡Ojo!, que yo pienso que el cliente tiene siempre el derecho a pedir lo que le de la gana, pero puede avisar antes con un “oye quiero el kg exacto” o “que no pase” como hace otra gente (una minoría) y yo, se lo echo con la mejor de las sonrisas. Aunque si no lo hace, la verdad que también pongo la mejor de las sonrisas (si es que en el fondo soy maja…) y digo “ah perdona, no te preocupes, ahora mismo te lo echo exacto” pero muchas personas me dicen “no si ya déjalo… si ya da igual…” con bastante asco y con una extremada indignación. Esto tampoco me molesta demasiado (bueno, al principio un poquito, lo reconozco, pero ya soy toda una profesional, “psicóloga de la patata” me podéis llamar…) porque en el fondo creo que la persona no es consciente de lo que pueden ser 50 o 75 gramos de algo, o que pasarte 100 gramos en una bolsa de patatas varía en echar o no echar una patata más… a veces he pensado en explicarlo o demostrarlo (algo así como “mira, me estás poniendo cara de asco por una patata…” o “acabas de ser borde conmigo por 7 cerezas”) pero creo que se sentirían peor. Bueno, no lo creo, lo sé… porque alguna vez lo he explicado con la mejor intención del mundo y me han dicho “ya, ya, vale, que sí…”, y aunque lo único que quería era enseñar cómo son los pesos (porque si no vendes no tienes por qué saber cuántas cebollas caben en un kg…), la imagen que quizá haya dado sea la de “resabidilla”, y eso si que no me gustaría por nada del mundo (porque nada en el mundo me gusta menos que la gente que va de lista), asi que no entro mucho en estos debates y suelo ponerme en modo “sí bwana” que siempre funciona bien.
Recuerdo que cuando empecé, no tenía ni idea cuánto era un kilo a pulso (cogía una bolsa y echaba sin saber cuánto peso llevaba), asi que me aprendía la cantidad que cabía en un kg de todos los productos. Si os digo que ocho o nueve limones son 1Kg parece fácil, pero recordemos que vendo patatas, cebollas, ajos, limones, naranjas, todo tipo de frutos secos, puerros, lechugas, acelgas, calabacines... y un largo etc. que me hacían ocupar mi mente al completo sólo para hacer bien las conversiones de cantidad igual a peso. Es decir, que durante toda la mañana, mi monólogo interno podía ser algo así:
“3kg de naranjas = 14 naranjas, 1kg de tomates = 6, cuarto de ajos = 3… pero claro ahora me ha pedido 1kg y medio y si 3kg de narajas son 14 le tengo que echar la mitad que son 7… y de tomates me ha pedido medio asi que le echo 4… de cebollas como me ha pedido 2kg… le echaría 12 pero como éstas son más pequeñas tengo que echar una o dos más…” y así con cada cliente. Y estas notas mentales no servían siempre, porque a la semana siguiente había naranjas más grandes o cebollas más pequeñas y no cuadraba todo, asi que tenía que reformular mis notas mentales y aprendérmelas para cada semana. Lo que ya imaginaréis, es que mucho tiempo para pensar en mis problemas no tenía… y mucho menos para pensar en los personajes del mercadillo o cualquier otra tontería. Ahora, de vez en cuando me aprendo cantidades equivalentes al kilo por comodidad, otras ya las tengo cogidas como las naranjas y los limones… y otras calculo según note el peso, por lo que mi mente no está a tope 100% (ahora puedo tener en la mente una canción, tararearla o pensar sobre qué me apetece escribir).
Tengo que decir, que esto de saber más o menos cuando llegas al kilo según lo que te pese la bolsa, es una de esas tareas que tienes que hacer sin pensar. Cómo lo pienses la has cagado… pensarás que llevas de menos o que has cogido de más… así que lo ideal es ir echando y saber más o menos cuándo has llegado al kilo por pura inercia, lo que algunos llaman “dejarse llevar”.
Por último diré, que esto de los pesos ha cambiado totalmente mi forma de ver la vida, ahora cuando alguien me dice cuánto pesa, pienso a cuántos sacos de patatas equivale, si engordo un kilo me consuelo pensando que tampoco es para tanto si sólo son 8 limones... o si alguien me dice que algo pesa demasiado y no voy a poder con ello... en mi mente yo estoy pensando "mmm esto no pesa más de 15 kilos de patatas, creo que podré cogerlo" y cosas así...
martes, 10 de julio de 2012
El ofrecimiento chatarril
10 de julio:
Como si de un chiste se tratara... ¿cuál es el colmo de un vendedor? indudablemente, yo diría que QUEDARSE SIN CAMBIO. Puedes tener los mejores productos, los precios más competitivos, pero... si no tienes cambio estás perdido... Estudiemos pues algunos de los inconvenientes:
Los días que no tienes cambio tienes que pasarte toda la mañana con la misma retahíla: "¿tienes las 32? ¿no tendrás las 47? si me das los 7 te doy un billete de 5, es que andamos fatal de monedas...".
Además, las señoras suelen ofrecerte su chatarra, éste fenómeno, llamémoslo el "ofrecimiento chatarril" consiste en que el cliente extiende sobre su mano todos los céntimos que se han ido quedando en su monederillo y ahí estás tú cogiendole la limosna "uno... tres... diez céntimos... dos más... tres... cuatro...", agarrapillando monedita a monedita para conseguir un euro o euro y medio en centimillos, por lo que hay que invertir tiempo y esto perjudica la producción (que se forma cola vamos...).
Hoy por ejemplo teníamos monedas de 5 céntimos pero no teníamos de 1 céntimo, por lo que, puestos a aceptar el reto (estoy muy loca...) pesaba cada cosa fijándome en que dieran precios exactos (claro que cuando se trata de pesar pipas, pistachos o almendras la cosa se complica un poco más... pero así le doy "emoción" a la mañana... ¿he dicho ya que estoy muy loca?). Ha habido un momento que teníamos cinco o seis monedas de 10 céntimos y no nos quedaban de 50 céntimos ni de 20 céntimos, esta es una situación del tipo VAMOS A MORIR TODOS, como cuando dices "pues son 1,37" y te dan un billete de 50 euros... "¡NOOO! ¡MUEREEE!" piensas, pero hay que conservar la calma.
Esta mañana he tenido que dar, por ejemplo, 40 céntimos en monedas de 5 céntimos lo que supone dar 8 monedas de 5 centimos y comerte el refunfuño de los clientes "uuuh cuánta chatarra me das niña", y tienes que procurar combinar las pequeñas con algunas más grandes, si es que las hay, para equilibrar la chatarra. Así pasa, que luego hay monedas que las coges cierto respeto y cariño. Yo le tengo profundo respeto y admiración a las monedas de 20 céntimos, porque son las que más suelen faltar en el mercadillo (no me preguntéis por qué, creo que por los precios de las patatas). Me cuesta darlas, deshacerme de ellas, me duele... ("yo se lo que valen, tú no" pienso con lágrimas en los ojos mientras devuelvo el cambio...) y me encanta que me las den ("¡toma! ¡tres de veinte! ¡yujuu!" ...). Si me hacen "el ofrecimiento chatarril", estad seguros de que me iré a por las monedas de 20 céntimos lo primerito de todo...
Quiero aclarar que el ofrecimiento chatarril, sale de la paciencia y la buena intención de las personas y es lo que nos salva a veces la vida y finalmente no morimos todos (de hecho, no morimos ninguno). Porque también hay gente que te abre el monedero de par en par y ves que tiene monedas de todo tipo y le dices "¿no tendrás las 37?" y te dice "no" (rotundo). Asi que en las viñas del mercadillo hay de todo, pero en su mayoría gente paciente que ofrece su chatarra gustosamente.
Como si de un chiste se tratara... ¿cuál es el colmo de un vendedor? indudablemente, yo diría que QUEDARSE SIN CAMBIO. Puedes tener los mejores productos, los precios más competitivos, pero... si no tienes cambio estás perdido... Estudiemos pues algunos de los inconvenientes:
Los días que no tienes cambio tienes que pasarte toda la mañana con la misma retahíla: "¿tienes las 32? ¿no tendrás las 47? si me das los 7 te doy un billete de 5, es que andamos fatal de monedas...".
Además, las señoras suelen ofrecerte su chatarra, éste fenómeno, llamémoslo el "ofrecimiento chatarril" consiste en que el cliente extiende sobre su mano todos los céntimos que se han ido quedando en su monederillo y ahí estás tú cogiendole la limosna "uno... tres... diez céntimos... dos más... tres... cuatro...", agarrapillando monedita a monedita para conseguir un euro o euro y medio en centimillos, por lo que hay que invertir tiempo y esto perjudica la producción (que se forma cola vamos...).
Hoy por ejemplo teníamos monedas de 5 céntimos pero no teníamos de 1 céntimo, por lo que, puestos a aceptar el reto (estoy muy loca...) pesaba cada cosa fijándome en que dieran precios exactos (claro que cuando se trata de pesar pipas, pistachos o almendras la cosa se complica un poco más... pero así le doy "emoción" a la mañana... ¿he dicho ya que estoy muy loca?). Ha habido un momento que teníamos cinco o seis monedas de 10 céntimos y no nos quedaban de 50 céntimos ni de 20 céntimos, esta es una situación del tipo VAMOS A MORIR TODOS, como cuando dices "pues son 1,37" y te dan un billete de 50 euros... "¡NOOO! ¡MUEREEE!" piensas, pero hay que conservar la calma.
Esta mañana he tenido que dar, por ejemplo, 40 céntimos en monedas de 5 céntimos lo que supone dar 8 monedas de 5 centimos y comerte el refunfuño de los clientes "uuuh cuánta chatarra me das niña", y tienes que procurar combinar las pequeñas con algunas más grandes, si es que las hay, para equilibrar la chatarra. Así pasa, que luego hay monedas que las coges cierto respeto y cariño. Yo le tengo profundo respeto y admiración a las monedas de 20 céntimos, porque son las que más suelen faltar en el mercadillo (no me preguntéis por qué, creo que por los precios de las patatas). Me cuesta darlas, deshacerme de ellas, me duele... ("yo se lo que valen, tú no" pienso con lágrimas en los ojos mientras devuelvo el cambio...) y me encanta que me las den ("¡toma! ¡tres de veinte! ¡yujuu!" ...). Si me hacen "el ofrecimiento chatarril", estad seguros de que me iré a por las monedas de 20 céntimos lo primerito de todo...
Quiero aclarar que el ofrecimiento chatarril, sale de la paciencia y la buena intención de las personas y es lo que nos salva a veces la vida y finalmente no morimos todos (de hecho, no morimos ninguno). Porque también hay gente que te abre el monedero de par en par y ves que tiene monedas de todo tipo y le dices "¿no tendrás las 37?" y te dice "no" (rotundo). Asi que en las viñas del mercadillo hay de todo, pero en su mayoría gente paciente que ofrece su chatarra gustosamente.
domingo, 1 de julio de 2012
Sra. Notuno y categorías mercadillenses
27 de junio:
Como es la semana rara... ¡hoy he atendido a la Señora Notuno! Recordemos a esta señora como aquella que en cierta ocasión le puse en una bolsa de 6kg de patatas (que son muchas patatas) algunas patatas grandes y desde entonces, cuando la he intentado atender me ha dicho "no, tú no", asi que mi amiga Nani la apodó como la Sra. Notuno y así ha pasado a ser un personaje principal del mercadillo. El caso es que después de haberla ofendido profundamente desde aquel día, nunca más la he podido atender, pero hoy he preguntado "¿quién va ahora?" y me ha mirado (sí, me ha mirado tíos... la reina roja me ha mirado) y me ha dicho "a mí" y yo he contestado "ah vale... ahora te atienden..." y me ha dicho "no no, da igual, atiéndeme tú" y yo, en ese microsegundo he pensado que había enterrado todo el rencor que tenía guardado por mi "negligencia patatil" (porque además la semana pasada bromeó un poco y también me miró, sí tíos a mí, a la lacaya...) pero finalmente ha añadido "si para lo que voy a pedir hoy me da igual..." y así, con estas palabras, ha establecido una regla no escrita:
Por el poder que me ha sido otorgado, sólo podré atenderla yo cuando los alimentos que vaya a pedir no sean de "alta responsabilidad" como son, según su criterio, las patatas.
Me ha pedido naranjas y manzanas... digo yo que esto es un nivel inferior (aunque anda que no hay gente exigente con el tamaño de las naranjas...) asi que le he dado de lo mejor en un intento por demostrar que puedo subir de categoría. Porque, el mercadillo, está lleno de categorías:
1º La categoría más alta es escoger un melón bueno, por supuesto. Yo ahí no he llegado, suelo delegar en otra persona.
2º Escoger una sandía dulce y en su punto. Yo estoy en este nivel, pero en fase de prácticas. Aunque todavía no las parto por la mitad, también delego.
3º Coger tomates, patatas, naranjas y ajos. Todas estas categorías requieren un nivel de responsabilidad parecido:
- Los tomates para la ensalada (que estén duros, pero que no estén verdes... y si puede ser que bailen sevillanas y sepan tres idiomas...).
- Las patatas: ni muy grandes ni muy pequeñas (y mucho menos "aguachin@s")
- Los ajos: grandes y duros (claro que sí señora... a mí también me gustan así...).
- Las naranjas: hay gente que les gusta grandes y otras que sólo las quieren pequeñas... no hay mucha gente exigente con las naranjas, pero la que lo es, le va la vida en ello. El caso es que todas son iguales porque van calibradas... así que hay que hacer un ritual parecido al de escoger los melones...
Hay muchas más categorías, pero eso ya os lo cuento otro día... que hoy el relato se ha alargado más de la cuenta...
Como es la semana rara... ¡hoy he atendido a la Señora Notuno! Recordemos a esta señora como aquella que en cierta ocasión le puse en una bolsa de 6kg de patatas (que son muchas patatas) algunas patatas grandes y desde entonces, cuando la he intentado atender me ha dicho "no, tú no", asi que mi amiga Nani la apodó como la Sra. Notuno y así ha pasado a ser un personaje principal del mercadillo. El caso es que después de haberla ofendido profundamente desde aquel día, nunca más la he podido atender, pero hoy he preguntado "¿quién va ahora?" y me ha mirado (sí, me ha mirado tíos... la reina roja me ha mirado) y me ha dicho "a mí" y yo he contestado "ah vale... ahora te atienden..." y me ha dicho "no no, da igual, atiéndeme tú" y yo, en ese microsegundo he pensado que había enterrado todo el rencor que tenía guardado por mi "negligencia patatil" (porque además la semana pasada bromeó un poco y también me miró, sí tíos a mí, a la lacaya...) pero finalmente ha añadido "si para lo que voy a pedir hoy me da igual..." y así, con estas palabras, ha establecido una regla no escrita:
Por el poder que me ha sido otorgado, sólo podré atenderla yo cuando los alimentos que vaya a pedir no sean de "alta responsabilidad" como son, según su criterio, las patatas.
Me ha pedido naranjas y manzanas... digo yo que esto es un nivel inferior (aunque anda que no hay gente exigente con el tamaño de las naranjas...) asi que le he dado de lo mejor en un intento por demostrar que puedo subir de categoría. Porque, el mercadillo, está lleno de categorías:
1º La categoría más alta es escoger un melón bueno, por supuesto. Yo ahí no he llegado, suelo delegar en otra persona.
2º Escoger una sandía dulce y en su punto. Yo estoy en este nivel, pero en fase de prácticas. Aunque todavía no las parto por la mitad, también delego.
3º Coger tomates, patatas, naranjas y ajos. Todas estas categorías requieren un nivel de responsabilidad parecido:
- Los tomates para la ensalada (que estén duros, pero que no estén verdes... y si puede ser que bailen sevillanas y sepan tres idiomas...).
- Las patatas: ni muy grandes ni muy pequeñas (y mucho menos "aguachin@s")
- Los ajos: grandes y duros (claro que sí señora... a mí también me gustan así...).
- Las naranjas: hay gente que les gusta grandes y otras que sólo las quieren pequeñas... no hay mucha gente exigente con las naranjas, pero la que lo es, le va la vida en ello. El caso es que todas son iguales porque van calibradas... así que hay que hacer un ritual parecido al de escoger los melones...
Hay muchas más categorías, pero eso ya os lo cuento otro día... que hoy el relato se ha alargado más de la cuenta...
Dia raro
26 de junio:
Hoy ha sido un dia raro... no he tenido ninguna pelea heavy metal en el mercadillo... ¡eso sí! ¡ha venido la señora que SIEMPRE se cuela! Es una cabrona porque siempre que la veo la reconozco, pero luego me cuesta mucho recordar su cara, ¿cual será su secreto?
Hoy he añadido un dato más para ficharla: lleva gafas moradas. Me he girado y la he visto y he preguntado "¿quién va?" y ha dicho "yo he pedido la vez pero no me la ha dado nadie" jajajajaja.... no hay duda, sí señor... allí estaba con su técnica ancestral. (Si alguien quiere un autógrafo de esta mujer que me lo diga, que el próximo día que venga se lo pido). El caso es que una señora ha dicho "sí sí, voy yo y después usted" y ha contestado "ah muy bien pues después de usted voy yo" y ha habido paz. ¡No se ha colado! ¡No ha habido pelea! Yo creo que me ha leído, que es amiga de alguno de mis contactos de facebook... y se ha dado cuenta de que la tengo fichada. En fin, día tranquilo en Mercadillolandia.
Hoy ha sido un dia raro... no he tenido ninguna pelea heavy metal en el mercadillo... ¡eso sí! ¡ha venido la señora que SIEMPRE se cuela! Es una cabrona porque siempre que la veo la reconozco, pero luego me cuesta mucho recordar su cara, ¿cual será su secreto?
Hoy he añadido un dato más para ficharla: lleva gafas moradas. Me he girado y la he visto y he preguntado "¿quién va?" y ha dicho "yo he pedido la vez pero no me la ha dado nadie" jajajajaja.... no hay duda, sí señor... allí estaba con su técnica ancestral. (Si alguien quiere un autógrafo de esta mujer que me lo diga, que el próximo día que venga se lo pido). El caso es que una señora ha dicho "sí sí, voy yo y después usted" y ha contestado "ah muy bien pues después de usted voy yo" y ha habido paz. ¡No se ha colado! ¡No ha habido pelea! Yo creo que me ha leído, que es amiga de alguno de mis contactos de facebook... y se ha dado cuenta de que la tengo fichada. En fin, día tranquilo en Mercadillolandia.
El ritual del melón
7 de junio:
Ahora en el mercadillo estamos con las sandías y los melones. Os comento. Llevo dos semanas vendiendo melones y sandías, mucho no sé, algo me han explicado de cual puede estar más maduro y todas esas cosas... pero esto no importa, lo que importa es EL RITUAL DEL MELÓN. La gente cree que los melones son putas bombas de relojería... ¬¬ te dicen "dame un melón...", hacen una pausa dramática, te miran super serios y preocupadísimos y dicen "...pero que sea bueno eh? que sea bueno!" y te miran como diciendo "dejo mi vida en tus manos porque confío en tu sabiduría y conocimiento como frutera que eres para que tú cortes los cables porque tú eres la profesional y sabrás si hay que cortar el rojo o el azul..." y esto es lo que tienes que hacer:
NUNCA y digo NUNCA, por muy seguro que estés de que ese melón es bueno, te lo hayan dicho antes, lo veas super claro... NUNCA lo cojas como primera opción... ¡NO! no puedes coger un melón y ponerlo en la báscula directamente... el cliente te mira preocupado "¡pero que sea bueno! ¡mira que sea bueno niña!" el cliente sólo se quedará tranquilo si tú haces EL RITUAL DEL MELÓN, que consiste en:
1º Poner cara seria y pensativa
2º Mirar los melones, coger varios... observarlos bien... palparlos... estás evaluando, pon cara de super experta...
3º Ahora sí, puedes coger uno y ponerlo en la báscula
4º Finalmente debes decir "éste" de forma contundente... como si llevaras media vida en la profesión o te hubieras criado directamente en un melonar...
El procedimiento de las sandías es parecido... pero esto lo dejamos para el siguiente capítulo...
Ahora en el mercadillo estamos con las sandías y los melones. Os comento. Llevo dos semanas vendiendo melones y sandías, mucho no sé, algo me han explicado de cual puede estar más maduro y todas esas cosas... pero esto no importa, lo que importa es EL RITUAL DEL MELÓN. La gente cree que los melones son putas bombas de relojería... ¬¬ te dicen "dame un melón...", hacen una pausa dramática, te miran super serios y preocupadísimos y dicen "...pero que sea bueno eh? que sea bueno!" y te miran como diciendo "dejo mi vida en tus manos porque confío en tu sabiduría y conocimiento como frutera que eres para que tú cortes los cables porque tú eres la profesional y sabrás si hay que cortar el rojo o el azul..." y esto es lo que tienes que hacer:
NUNCA y digo NUNCA, por muy seguro que estés de que ese melón es bueno, te lo hayan dicho antes, lo veas super claro... NUNCA lo cojas como primera opción... ¡NO! no puedes coger un melón y ponerlo en la báscula directamente... el cliente te mira preocupado "¡pero que sea bueno! ¡mira que sea bueno niña!" el cliente sólo se quedará tranquilo si tú haces EL RITUAL DEL MELÓN, que consiste en:
1º Poner cara seria y pensativa
2º Mirar los melones, coger varios... observarlos bien... palparlos... estás evaluando, pon cara de super experta...
3º Ahora sí, puedes coger uno y ponerlo en la báscula
4º Finalmente debes decir "éste" de forma contundente... como si llevaras media vida en la profesión o te hubieras criado directamente en un melonar...
El procedimiento de las sandías es parecido... pero esto lo dejamos para el siguiente capítulo...
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